Peleando con la Bestia

Peleando con la Bestia

ANEGDOTAS DE MI VIDA:

Cary Zárate

Al dirigirme a mi trabajo, decidí echarme en el sillón un momento antes de comenzar mi jornada. Don Fermín, el guardia de seguridad, estaba allí como cada tarde. A veces solíamos charlar antes de que yo me dirigiera al cuarto oscuro, ubicado debajo de las escaleras de la discoteca donde yo trabajaba Sin embargo, ese día solo lo saludé y me adentré en el cuarto. Cerré la puerta y me recosté en el sillón pequeño donde se doblaban mis rodillas y mis pantorrillas colgaban, intentando ordenar mis pensamientos. Me encontraba atravesando una situación sentimental complicada que me angustiaba.

Mentalmente, me dije: «¡Ya basta! No quiero pensar en nada».

En ese instante, como si hubiera sido transportada en una fracción de segundo, me encontré en una calle oscura como un callejón. No era un sueño; era real. No sabía cómo había ocurrido, pero sentí que mi deseo de no pensar en nada había sido la llave que me llevó a ese lugar.

Me encontré recargada en un carro de color azul rey era un bocho como les dicen aun, cuando de repente, un hombre se acercó a mí con un arma en  mano, apuntándome directamente a la altura de mi estómago del lado izquierdo. Lo toqué, como tratando de convencerlo de que me dejara en paz, después de un rato de insistir no sé si fueron segundos o un minuto pero eso no evitó que disparara. Sentí el impacto, pero tan rápido como había llegado a ese lugar, regresé al sillón. Sin embargo, no regresé sola. Al abrir los ojos por la oscuridad del cuarto oscuro no me dejo ver al momento, mi visión se aclaró un poco en segundos con la luz tenue que entraba por debajo de la puerta, una bestia estaba encima de mí atacándome fue una lucha mutua.

Era pesado y la luz tenue que entraba por la orilla de puerta entreabierta me permitía ver solo unas garras parecidas a las de un canguro, con pezuñas hendidas, moviéndose sobre mí. No podía ver su rostro, pero podía sentir su presencia amenazante. Luché con todas mis fuerzas, empujándola para intentar alejarla de mí. Logré hacer que cayera al suelo, y caí a gatas pero rápidamente se reincorporó y volvió a estar encima de mí.

Como pude, me arrastré hacia la puerta y, al abrirla la luz exterior inundó la habitación y la bestia desapareció.

Don Fermín, al pasar frente a la puerta, me encontró en el suelo y pensó que me había desmayado. Encendió la luz y me ayudó a levantarme. Mi rostro estaba empapado en sudor y mis brazos me dolían.

Fue entonces cuando me di cuenta de que había sido real: había peleado con la bestia simplemente por querer escapar de mis pensamientos que provocaron la manifestación de mis propios miedos.

Paso mucho tiempo para darme cuenta que se trataba de una regresión, nada más ni nada menos del ultimo instante de mi vida pasada, que ahora en esta vida he sobrepasado y depurado por ser una persona diferente; sigo trabajando en ello y he tenido desde entonces regresiones de otras vidas que me ayudan a vivir  despierta en esta realidad.