Cada ser humano es un plan divino. A veces, la vida nos pone en este mundo no solo para existir, sino para dejar una huella, para inspirar, para demostrar que el trabajo honesto, la fe y la gratitud construyen caminos sólidos donde antes solo había sueños. Y es que cuando uno camina por la vida con el corazón abierto y la mirada puesta en lo alto, el pasado no es carga, sino escuela; los tropiezos no son fracasos, sino enseñanzas; y los recuerdos… los recuerdos son faros que iluminan el presente.
En esta ocasión, traemos a ustedes la historia de alguien que probablemente muchos, al escuchar su andar y su esencia, ya sabrán de quién se trata. Sin embargo, lo dejaremos en el misterio unos instantes más, para saborear cada palabra, cada lección de vida que nos regala.
Originario:
“Soy originario del pueblo de Autlán, Jalisco… Autlán de Navarro, Autlán de la Grana. Mis padres nos trajeron por tercera ocasión cuando yo tenía ocho años, y ya nos quedamos aquí, en Puerto Vallarta… aquí, en el mero Puerto Vallarta.”
¿A los cuántos años empezó a trabajar?
“A los ocho años de llegar a Puerto Vallarta, pues empecé a trabajar de panadero. Obviamente, tuve la fortuna de ser bolero, vender verduras, vender frutas, vender empanadas, donas, vender revistas en la librería Ramírez que se encontraba aquí, por la avenida México. Fui cocinero, lavaplatos, le ayudaba a mi papá en ciertos momentos para hacer alguna obra, ya que él era albañil.
Pero mi hermano Antonio y yo, el mayor, éramos los que caminábamos en nuestros inicios de emprendimiento. Él y yo vendimos paletas, él y yo fuimos boleros, él y yo vendimos revistas, él y yo fuimos cocineros, o sea, él y yo iniciamos en la panadería, más que a él no le gustó, no le siguió… y yo sí. Puede decirse que él fue amigo de mi niñez. Ya después, obviamente crecimos y me relaciono con él y con todos, en general. Y tenemos una relación más de confianza, se puede decir.”
¿Trabajar desde pequeño le dio tiempo para los juegos? ¿Cómo se divertían?
“Me gustaba el fútbol. Jugábamos en la calle fútbol. Jugábamos canicas, jugábamos trompo, jugábamos al juego de Shanghai, que era con dos palos. Pues entre niños jugábamos a los encantados… esos eran los juegos. Prácticamente, más que jugar, me dediqué a trabajar, pero sí disfrutaba mucho esas fases, esos momentos de júbilo con mis compañeros.”
¿Hubo jardín de niños?
“Directamente a la primaria. A los 5 años entré a la primaria, terminé a los 11 años. En la escuela For 55 pasé cuarto, quinto y sexto. En mi pueblo primero, segundo y tercero.”
¿Algún recuerdo de una maestra?
“Me acuerdo mucho de la maestra Aurora, del primer año, porque yo no me quería quedar en la escuela y fingía no hablar bien. La maestra dijo: ‘¿Habla bien el niño? Pues está chiquito’. Mi hermano sí se quería quedar, pero yo dudaba. Y en mi mente me dije: Voy a hablar mal, porque los niños que no hablan bien no se quedaban.
La maestra me dijo: ‘Di perro’. Y yo dije: Pello. Entonces mi madre dijo: ‘¿Cómo hiciste eso?’.
Pero no sé, le dije. ‘Si sabes hablar bien, mira este de tal por cual’. Entonces, ya llorando, dije: Perrooo.
Ese es el afecto que me quedó bien de la maestra Aurora, una joven maestra que tenía la paciencia para enseñar.
Me recuerdo también de la maestra de segundo año, la maestra Micaela, de tercer año… me acuerdo de los nombres de los maestros. Pero se me grabó mucho la maestra de sexto año. Se llama —porque vive— Margarita Torres Muriel, y era la maestra de sexto en la escuela 45.
A mí me observaban porque yo era muy distraído. Yo no quería ir a la escuela, yo quería trabajar. Entonces me hacía preguntas capciosas tan simples que no sabía ni contestar, como por ejemplo: ¿De qué color eran las mangas del chaleco? Yo nunca supe qué color era… y todos se reían».
Y esa maestra empezó a notar mi distracción y me paró un día al salir. Dijo: ‘Bueno, pues espera un poco’. Y me preguntó: ‘¿Tienes problemas?’. Y yo me eché a llorar.
Le dije: ‘Sí, hay problemas en mi casa. Mi papá golpea a mi mamá y no tenemos dinero a veces… y yo quiero trabajar para tener dinero’.
Entonces me dijo: ‘Mira, lamentablemente vas mal en la escuela. Si tú vas mal, vas a repetir y te vas a quedar un año más. Si tú quieres lograr eso que quieres, termina bien. Y está bien si no quieres seguir estudiando, pero yo te animo a que estudies’.
Me aconsejó, me apapachó, me animó y cambió mi actitud. Pude pasar con siete puntos… de 7.9 mi certificado de primaria, cuando todos mis años fueron de sietes. Yo no era aplicado, era distraído.
Esa maestra marcó mi caminar, mi mentalidad, que yo no debo enfocarme en el problema, sino en la solución. Y se me grabó muchísimo, a lo cual en cada conferencia que doy, yo le reconozco y le honro, porque el maestro tiene una capacidad inimaginable de transmitir buenos o malos pensamientos al alumno.
Lo cual mis maestros, en todo el transcurso del sexto año de primaria, los vi como buenos maestros, desde primero hasta sexto. A lo cual reconozco y festejo a esos maestros y, por eso, nunca le niego un apoyo a un maestro.”
Su meta fue siempre trabajar
“Yo, a los 12 años, ya era un maestro panadero. Pero entré a los 8 años a la panadería. Un maestro panadero que le sabía hacer cualquier cosa que cualquier maestro panadero le pudiera hacer en ese tiempo.
Al salir de vacaciones o de permiso, solicité ir a mi pueblo, 15 días, a los 13 años. Y ahí es donde nació el sueño de tener la mejor panadería en Puerto Vallarta.
Porque trabajé 15 días en una panadería, la mejor del pueblo, Panadería García, dueño el señor Jesús García. Y me dio trabajo por 15 días y me pagó tres veces más de lo que yo ganaba aquí, en Puerto Vallarta.
Y quería que me quedara, pero yo le dije: ‘Muchas gracias, pero me tenía que regresar’. Y me regresé a Vallarta para continuar en mi trabajo de panadería.
Ganando lo mismo, jamás dije: Me pagaron más, me estás fregando. Mi madre me enseñó que yo debería ser agradecido con las personas que me instruían y que Dios, un día, me iba a dar lo que esa persona o lo que las personas que me contrataron no podían pagarme.
Cosa que ahora puedo afirmarlo. Pero en esos momentos, ese adolescente necesitó esos consejos de sus padres, principalmente, que quieran el bien para ellos. Y esos consejos te van a ayudar a conseguir lo que tú quieras en la vida.”
Buen emprendedor
“Trabajé hasta los 16 en panadería. Después, para distraerme, entré de cocinero en comida china. Dos años estuve en el Palacio Oriental. Yo fui cocinero de ahí.
También, a los 17 años, a la par, yo tuve mi panadería, la primer panadería en el Pitillal. A los 19 cerré, fracasé por temor a las malas interpretaciones, a los malos juicios de la gente. Tuve que cerrar. A los 21 me fui de mojado. Regresé y en el 90 inicié mi panadería, sin pensar que iba a crecer tanto.”
La clave
“Y ahí es donde emprendí. Y hasta la fecha todos conocen y vivimos plenamente agradecidos con Dios, con la ciudadanía principalmente, con la oportunidad que nos dio Vallarta de acogernos y enseñarnos este camino, esta bendición de emprender.
Estas relaciones que son tan importantes para poder mantener un equilibrio de sus emociones, un equilibrio empresarial, un equilibrio ahora político. Son importantes las relaciones. Hay que respetarlas.
Eso me enseñó uno de mis mentores: las relaciones se descubren, se relacionan y se atienden. Y esa es la razón por la que caminamos de esa manera, creyendo que Dios bendice a través de las relaciones.”
¿Quién es usted?
“Soy un ser que Dios planeó en su visión de vida en esta tierra y que lo escogió antes de la fundación del mundo para hacer lo que ahora hace.
Eso es lo que creo de mí mismo. Porque hubo muchos que ese mismo día no nacieron y yo nací.
Felizmente, en mi niñez, mi madre me contaba tantas cosas. Y yo le decía: ‘¿Por qué me dejaban hacer todo eso?’.
Ahora, de adulto, le preguntaba: ‘Mamá, ¿por qué me dejaban hacer esto?’.
‘Porque tú querías’, me decía.
De chiquillo, de los cinco a diez años, fui un mandadero en un burro, en un rancho, a los cinco años, solo.
Y esas partes son de las que yo comparto a los que quieren comenzar, a los que quieren emprender.”
Uno de los recuerdos que le hacen reír
“Me acuerdo siempre, platicando con mis hermanos, porque mi mamá lo recordaba. Uno de mis hermanos, al parecer, me pegó, me dio un trompón.
Y corrí, no lo alcancé, y bueno, ya se me calmó el dolor y todo el rollo, y al otro día lo veo sentadito, tranquilo, y llego y ¡sopas!, le pongo un puñetazo.
Y ese hermano empieza a llorar y se queja con mis papás. ‘¿Qué pasó? ¿Por qué le pegaste?’.
Y yo, en mi inocencia, contesté: ‘Es que él me pegó ayer’.
Y ahora, al recordar, es motivo de risa. Pero realmente es algo padrísimo, ya que la convivencia entre hermanos siempre va a haber diferencias, pero al final viene una reconciliación y una forma de convivir y de ser hermanos.”
¿Qué cambiaría de todo lo que ha vivido si tuviera la oportunidad?
“Yo creo que nada. Yo creo que yo disfrutaría lo mismo que disfruté mi niñez. Porque lo cuento con tanta emoción, no con dolor. No, no. Hasta la primer paliza que mi padre me dio… eso sí es enseñanza.
Me reventó las piernas mi padre. Yo tenía tres años, porque no quise bailar, no le quise bailar a un hermano menor mío, que estaba chiquitito.
Y le digo: ‘Tú eres el culpable de que mi padre me pegara’.
Todo es enseñanza. Y pese a todo, no cambiaría nada. Yo creo que agradecería todo nuevamente y disfrutaría de la mejor manera como lo disfruté.”
¿Cómo se siente y cuál es su responsabilidad en la política?
“Me siento pleno, me siento contento, porque esta es una oportunidad que Dios me ha dado de servir y de conocer a otras personas. La política yo la veía de una manera lejos, porque nunca pensé involucrarme, ahora la veo de cerca. Y es importante agregar que diario hay algo distinto que agradecer, donde tenemos que relacionarnos con las personas y algo que aprender.
Yo no sé de política, estoy aprendiendo, pero para mejorar. Siempre con mejor atención a la ciudadanía, que lo merece.
Pero también para ayudar a cambiar mentalidades. Que la política es un medio de servir para mejorar nuestras comunidades. Y para eso estamos, tenemos que prepararnos de la mejor manera.
La política es una bendición para mí, porque me ha permitido relacionarme en temas que antes ni siquiera me imaginaba.
Ahorita que veo una sesión de cabildo y que tienes que levantar la mano, y que tienes que dar tu punto de vista, tu opinión… el por qué sí, el por qué no, creo que es una libertad que tenemos que ejecutar, es lo que yo disfruto ahorita.
Claro, soy panadero, tengo mi empresa, tengo mi familia, atiendo la responsabilidad religiosa, se puede decir.
Son varios frentes que tengo que atender. Pero me siento la misma persona. Yo soy la misma persona, como me conocen aquí me ven en la iglesia, o si un día van a la empresa, o si un día visitan mi hogar, verán que soy la misma persona. No tengo cambios de nada, ni finjo nada.
Donde sea, soy la misma persona y pues nada más que nos tengan paciencia, como servidores públicos, como empresarios… realmente sí estamos buscando cómo mejorar las cosas.”
*Hijo orgulloso de don Ascensión, mejor conocido como “Don Chon”, de quien, por honor, heredó el nombre de la querida Pastelería Don Chonito.
Su lema lo dice todo: «El servir es vivir», y su vida es testimonio de ello.
Hoy, en esta semblanza, honramos la historia de Arnulfo Ortega Contreras, mejor conocido como Don Chonito, fundador de la reconocida Pastelería Don Chonito, ejemplo de que con trabajo, fe y humildad, se puede llegar lejos. Segundo de ocho hermanos, padre y esposo amoroso de Martha Elena de la Rosa Gómez, empresario, servidor público y, sobre todo, un hombre que lleva su armadura espiritual bien puesta.*
Como él siempre dice…
Dios les bendiga.



