Recordar es vivir

Recordar es vivir

En ocasiones, la vida nos regala historias que no solo inspiran, sino que demuestran cómo desde la sencillez se puede forjar carácter, liderazgo y visión de futuro. La infancia, a veces entre lágrimas y otras entre risas, puede ser el terreno donde se cultivan las semillas de la fortaleza. Crecer con pérdidas importantes, pero también con una familia que arropa, transforma a cualquier ser humano. Y si a ello se suma la sensibilidad por las causas sociales, el compromiso con la comunidad y una profunda fe en los procesos de cambio, se entiende por qué hay quienes logran dejar huella en la política local sin olvidar sus raíces más íntimas.

¿Cómo fue tu etapa de preescolar y primaria?
“El preescolar fue en el jardín de niños Ignacio L. Vallarta y me acuerdo pues de una casita y que me vistieron de charro, un lugar ícono de este puerto y que muchos cursamos ahí. Recuerdo que me ponía a llorar porque mi mamá no llegaba temprano, ya que vivíamos en el Pitillal y la escuela estaba en el centro de Vallarta, pero pese a eso fueron muy bonitos recuerdos.
La primaria fue en la Emiliano Zapata en el Pitillal. No fue muy buena época para mí, porque falleció mi padre cuando tenía yo seis años. La pérdida de mi padre vino a cambiar muchas situaciones; queda al frente mi hermano mayor, él queda como papá.
Pero fui un niño muy protegido por mi madre y mis hermanos, fui muy apegado a mi mamá hasta que me casé y me fui de su casa.”

¿A qué jugabas en tu infancia?
“Era muy bonito porque jugábamos al pesito, luego al capirucho, a los quemados, trompo, las canicas… me tocó disfrutar los juegos de la calle.
Teníamos el río del Pitillal muy cerca y nos íbamos a cazar —y no cazábamos nada, pero íbamos nada más a la aventura—. El río en ese entonces nunca se secaba y era muy divertido, no había problema de basura.
A una cuadra ordeñaba vacas don Efren, y hacía quesos, y yo ayudaba. Recuerdo a Cheo el Gordo, yo le ayudaba en su taquería y me ganaba los taquitos, y yo me divertía con eso.”

¿Cómo fue tu adolescencia y tus estudios universitarios?
“Mi mamá y mi hermano Javier trabajaban en la ETI. Siempre fui muy reservado, pero muy amiguero. Mi amistad nunca sobrepasa las cosas en cuestión de llevadera; no me enseñaron ese tipo de educación.
Tuve una excelente educación, no era llevado y aparte la honestidad de ese tiempo. Yo estaba gordito y jamás tuve un trauma porque mi mamá me hizo muy seguro.
Mucho menos era noviero. No era muy así, ya que en ese tiempo la moda eran los muy guapos y yo no era de ellos. Siempre fui más de la bola con los amigos en el cotorreo, y hasta la fecha los conservo como amigos. Creo que soy el que más ha durado casado porque los demás ya llevan de dos a tre matrimonios.
De cierta manera el más tremendo era yo, y pese a eso pues he podido consolidar una familia con mi esposa que la verdad me ha enseñado mucho.”

¿Cómo comenzó tu involucramiento en la política?
“Fui presidente de la preparatoria Jacobo, en el periodo 1999-2000. Lo que me marcó mucho fue que, siendo presidente, nos mandan a Cuba a un encuentro latinoamericano de estudiantes. En ese tiempo conocí a Fidel Castro Ruz, que era comandante. Para mí fue una experiencia inolvidable, un honor estar con él. Hasta tengo un diploma firmado por él.
Fue una participación muy interesante porque estuve involucrado en la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) de la Universidad de Guadalajara (UDG). Hoy en día, la FEU ha tenido hasta gobernadores; un ejemplo es el exgobernador Aristóteles Sandoval (+), y también Ricardo Villanueva, que ahora es subsecretario de educación.
Así que la política desde niño me ha gustado. Terminé mi licenciatura en administración de empresas y un diplomado en recursos humanos.”

¿Un recuerdo chusco de tu vida?
“No sé por qué, pero una de las cosas que recuerdo es cómo se les transformaba la cara a mis hermanos en los temblores. Los ves diferentes por el miedo, y a mí me daba risa, porque mi madre siempre me enseñó a ver el lado positivo y nunca quejarnos. Como yo tenía eso en mente, pues lo veía de otra forma.”

¿Cambiarías algo de tu vida si tuvieras la oportunidad?
“Cambiar nada. Porque al final de cuentas estamos hechos para un destino, para una vida. Tal vez que no se murieran mis padres, pero sabemos que eso tiene que suceder.
Yo estoy agradecido con la vida porque vivo con el programa de un día a la vez. Estoy agradecido diario por abrir los ojos y estar vivo; es una nueva oportunidad.
Mucha gente no me conoce en esa situación espiritual, pero estoy agradecido y apegado a Él. En su tiempo sí fui ‘maldito’, no digo que no (lo comenta en forma chusca). Me gustaba la tomadera y todo, tenía en la vida que experimentar, y al final de cuentas fue en su tiempo.
Llega el tiempo de madurez, de compromiso, y te va cambiando la manera de pensar. Ya te cuidas más, ya no sales en la noche, y procuras valorarte. Y sabes que la familia siempre va a estar con uno.”

Háblanos de tu familia y tu presente laboral.
“Soy el menor de los hermanos: Javier, Pedro, Aleida y yo. Mis padres fueron Pedro Bravo Ruiz (+) y doña Eduviges Carbajal Arreola (+), mejor conocida como doña Vicky.
Estoy felizmente casado con Patricia Rivas Bobadilla. Me conocen como Christian Omar Bravo Carbajal, pero la mayoría me dice Titi, porque un vecino prefirió llamarme así, y se quedó.
Actualmente soy regidor del H. Ayuntamiento de Puerto Vallarta. Me enfrasqué en el dolor por la pérdida de mi mamá, a tal grado de no tener nuevas amistades. Pasé por un proceso, algo muy bonito tambien, por lo que tenía que pasar. Dios me dio la oportunidad de conocer nuevos amigos, nuevas personas y, principalmente, cambiar.
En este caso Ray y Luis me platicaron del proyecto. Tenía nueve años de conocer a Luis. Yo decía que no participaba en la política aunque me la regalaran.
Y como que se me activó un botón… y ahora estoy como pez en el agua en la política. Me siento muy satisfecho, porque a la hora de trabajar ahí estoy.
En casa nos enseñaron, y como ejemplo tengo a mi hermano Javier, que es una persona que no descansa, que no duerme, que siempre está trabajando y siempre busca qué hacer. Esas son las enseñanzas que tengo desde casa.”

Christian Omar Bravo Carbajal, regidor del H. Ayuntamiento de Puerto Vallarta, es ejemplo de que se puede servir con autenticidad, sin perder la esencia del niño que jugaba al capirucho en las calles del Pitillal, y que hoy, desde su trinchera política, busca devolver a su comunidad lo que la vida le ha permitido construir.